
Tres ingenieros vinculados al ecosistema tecnológico de Silicon Valley enfrentan graves acusaciones federales por presuntamente haber sustraído secretos comerciales de empresas como Google y transferido información confidencial a Irán y otros destinos externos. El caso ha encendido alarmas sobre la protección de innovación estratégica en Estados Unidos. Un gran jurado federal autorizó formalmente la acusación, allanando el camino para el proceso judicial.
Los cargos incluyen conspiración para robar secretos comerciales, robo e intento de apropiación de tecnología sensible, así como obstrucción a la justicia. Según la acusación, los implicados son ciudadanos iraníes: un matrimonio de 41 y 40 años, y la hermana de la mujer, de 32 años. La hermana residía en Estados Unidos con visa de estudiante, mientras que la mujer obtuvo posteriormente la ciudadanía estadounidense. El esposo posee residencia permanente y, según se indicó, habría servido anteriormente en el ejército iraní. Las autoridades sostienen que los acusados aprovecharon sus puestos dentro de compañías tecnológicas para acceder a datos estratégicos.
Las dos hermanas trabajaban en Google, mientras que el esposo se desempeñaba en el desarrollo de procesadores, un sector clave dentro de la industria tecnológica. De acuerdo con los fiscales, información altamente sensible fue transferida desde sistemas internos corporativos hacia dispositivos y servicios de almacenamiento externos, algunos ubicados fuera del país, incluido Irán. Google señaló que las presuntas irregularidades fueron detectadas durante controles rutinarios de seguridad interna. Tras identificar accesos y transferencias sospechosas, la empresa notificó inmediatamente a las autoridades federales.
El fiscal federal a cargo del caso afirmó que los acusados habrían explotado deliberadamente su posición de confianza para apropiarse de secretos comerciales confidenciales. Subrayó que el gobierno tomará medidas firmes contra quienes intenten utilizar innovación estadounidense con fines ilícitos o en beneficio de otros estados. El FBI describió el caso como una “violación calculada de confianza” y señaló que existieron intentos coordinados de encubrimiento. Las autoridades consideran que la conducta presuntamente ejecutada pone en riesgo la seguridad tecnológica y económica del país.
El caso se enmarca en un contexto más amplio de creciente preocupación por el espionaje industrial y la competencia tecnológica global. La protección de propiedad intelectual se ha convertido en un eje central de la política de seguridad nacional estadounidense. Mientras avanza el proceso judicial, los acusados enfrentan posibles penas significativas si son hallados culpables. El caso refuerza el mensaje de que el acceso a información estratégica dentro del sector tecnológico implica responsabilidades legales y éticas de alto nivel.