
La economía de la India mantuvo un impulso sólido durante el segundo trimestre del año fiscal, mostrando un crecimiento cercano al 7,3 % entre julio y septiembre gracias a la fuerte demanda interna y a una actividad productiva que no se ha ralentizado pese a la incertidumbre global. El consumo privado, impulsado por una clase media en expansión y por un aumento generalizado del gasto de los hogares, continúa siendo el principal motor de la economía india, mientras que sectores como manufactura, servicios digitales y construcción exhiben un dinamismo que supera el desempeño de otros mercados emergentes.
Este crecimiento coincide con un esfuerzo adelantado de empresas que buscaban asegurar inventarios y acelerar exportaciones antes de la implementación de nuevas tarifas comerciales en Estados Unidos. La estrategia permitió mantener una elevada producción industrial y sostener la cadena de suministros, evitando una caída abrupta del comercio exterior a pesar de las tensiones globales.
La estabilidad del crecimiento también se refleja en el valor agregado bruto, que se expandió ligeramente por encima del 7 %, lo que confirma una base económica más firme y no solo un repunte temporal del PIB. La continuidad de este ritmo de expansión posiciona a India como una de las economías de mayor crecimiento entre los países grandes, enviando una señal de confianza a inversionistas y mercados financieros.
A pesar de los riesgos por inflación global, cambios en el comercio internacional y volatilidad monetaria, el país ha logrado sostener una actividad económica robusta que podría ampliarse en los próximos trimestres. Con un mercado interno en fortalecimiento y una creciente atracción de capital extranjero, India se consolida como uno de los pilares más estables del crecimiento económico mundial.