
Perú vuelve a enfrentar un episodio de inestabilidad política tras la destitución del presidente José Jerí por parte del Congreso. El mandatario fue removido del cargo apenas cuatro meses después de haber asumido funciones en un contexto ya marcado por tensiones institucionales. Con 75 votos a favor de la moción de censura sobre un total de 102 legisladores, el parlamento decidió apartarlo del poder.
La elección de su sucesor está prevista para los próximos días, en medio de un clima político altamente fragmentado. Jerí había asumido la conducción del gobierno en octubre, luego de la destitución de la entonces presidenta Dina Boluarte. Su llegada al poder no logró estabilizar el escenario político, que continúa atravesando una etapa de profunda volatilidad. Entre las acusaciones que motivaron su salida figuran presuntas reuniones no oficiales con empresarios extranjeros y supuestas irregularidades en nombramientos dentro de la administración pública. Durante el debate parlamentario, varios legisladores cuestionaron la transparencia de su gestión.
El propio Jerí rechazó las acusaciones y sostuvo que no había cometido delito alguno. En declaraciones previas a la votación, defendió su actuación y denunció lo que calificó como una campaña política en su contra. La destitución ocurre a pocas semanas de las elecciones presidenciales previstas para abril, lo que añade un elemento de incertidumbre al proceso electoral. La constante rotación de líderes ha erosionado la confianza ciudadana en las instituciones. En menos de una década, Perú ha tenido siete presidentes, una cifra que refleja la fragilidad del sistema político.
La última vez que un mandatario completó un mandato de cinco años fue entre 2011 y 2016. Analistas señalan que la dinámica de confrontación entre el Ejecutivo y el Legislativo ha sido una de las causas estructurales de la crisis recurrente. La ausencia de consensos amplios dificulta la gobernabilidad y la continuidad de políticas públicas. El nuevo liderazgo que surja del Congreso enfrentará el desafío inmediato de restaurar estabilidad en un país que atraviesa tensiones sociales y económicas acumuladas.
La transición deberá ser rápida para evitar un vacío institucional. Mientras tanto, el panorama político peruano continúa marcado por la incertidumbre. La sucesión presidencial, en un entorno electoral inminente, vuelve a colocar al país en el centro del debate regional sobre gobernabilidad democrática.