
Mientras el ejército israelí mantiene su controvertida ofensiva terrestre en la ciudad de Gaza con intensidad incesante, la organización islamista palestina Hamás lanzó nuevas amenazas contra las fuerzas israelíes y advirtió que planea intensificar su resistencia armada. “Se preparan miles de emboscadas. Gaza será un cementerio para sus soldados”, declaró el ala militar del grupo, las Brigadas Qassam, en un comunicado difundido el jueves.
Según esa misma fuente, los rehenes israelíes que aún permanecen en cautiverio habrían sido trasladados a distintos barrios de la ciudad como medida de dispersión y protección, en respuesta al avance de las tropas israelíes. Hamás afirmó que la continuación y ampliación de la ofensiva israelí en la urbe “significa que ninguno de los secuestrados regresará a Israel” y advirtió que no tomará en cuenta sus vidas durante las operaciones militares.
La organización acusó al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, de “querer matar” a los rehenes y llegó a comparar su posible destino con el del navegante israelí Ron Arad, desaparecido tras ser capturado en Líbano en 1986. La esposa de Arad, en una carta reciente, recordó que los responsables políticos de entonces sabían que un prisionero vivo podía simplemente desaparecer sin dejar rastro, y criticó que, pese a ese antecedente, el actual gobierno haya decidido lanzar una operación a gran escala en Gaza.
De acuerdo con las autoridades israelíes, todavía hay 48 rehenes en la Franja de Gaza, de los cuales estiman que solo 20 continúan con vida. El resto habría muerto en cautiverio y sus restos estarían en proceso de ser devueltos. Este dato ha intensificado la angustia de las familias, que acusan al gobierno de Netanyahu de poner en peligro a los cautivos que aún viven al persistir con la ofensiva militar. Los medios israelíes informaron días atrás que Hamás habría sacado a los rehenes de los túneles subterráneos para distribuirlos en casas y tiendas de campaña, con el objetivo de impedir que el ejército israelí bombardee ciertas zonas.
La operación terrestre israelí en Gaza, iniciada el martes por la noche, tiene como objetivo declarado “desmantelar la estructura militar de Hamás y lograr la liberación de los rehenes restantes”. Sin embargo, los familiares de los cautivos insisten en que este avance podría provocar su muerte y permitir que sean utilizados como escudos humanos. “Tememos que estén sacrificando a nuestros seres queridos”, afirmó un portavoz del grupo de familias ante los medios en Tel Aviv. En el plano internacional, aumenta la presión diplomática sobre Israel.
La próxima semana, en el marco de la Asamblea General de la ONU, varios estados miembros planean promover el reconocimiento formal de un Estado palestino. La Comisión Europea propuso este miércoles sanciones contra dos ministros israelíes, así como contra colonos extremistas y contra la propia organización Hamás, en un intento de forzar un cese de la violencia. Mientras tanto, en el Consejo de Seguridad de la ONU, solo el veto de Estados Unidos impidió el jueves la aprobación de una resolución que buscaba aliviar la crisis humanitaria en Gaza.
El borrador expresaba una “profunda preocupación por la hambruna en Gaza” y pedía a Israel “levantar inmediata e incondicionalmente todas las restricciones a la entrada de ayuda humanitaria”. Analistas internacionales advierten que la combinación de ofensiva militar, amenaza sobre los rehenes y creciente aislamiento diplomático coloca al conflicto en uno de sus momentos más críticos desde su inicio, con un alto riesgo de escalada y consecuencias imprevisibles para la estabilidad regional.
