
Estados Unidos ha acusado públicamente a China de haber realizado una prueba subterránea de arma nuclear en junio de 2020, una afirmación que podría reavivar tensiones estratégicas entre ambas potencias. Las declaraciones fueron realizadas por un alto funcionario estadounidense durante un evento especializado en temas de seguridad internacional.
Según lo expuesto por autoridades estadounidenses, una estación de monitoreo sísmico ubicada en Asia Central habría detectado una explosión de magnitud 2,75 el 22 de junio de 2020. El epicentro señalado correspondería a la zona de pruebas nucleares de Lop Nor, en territorio chino. De acuerdo con el análisis técnico presentado, los datos sísmicos no serían compatibles con explosiones mineras convencionales ni con actividad tectónica natural. La señal detectada, según la evaluación estadounidense, tendría características propias de una detonación nuclear subterránea.
El funcionario que presentó la información, con experiencia en inteligencia y formación en ingeniería nuclear, sostuvo que la probabilidad de que el evento correspondiera a otra causa sería muy baja. Según su explicación, la firma sísmica registrada coincide con patrones históricos asociados a pruebas nucleares. Además, se afirmó que China habría intentado reducir la detectabilidad del evento mediante un método conocido como “desacoplamiento”, técnica que consiste en detonar el dispositivo en una cavidad subterránea amplia para disminuir las ondas sísmicas generadas.
China, por su parte, ha rechazado categóricamente este tipo de acusaciones en ocasiones anteriores, defendiendo su compromiso con los acuerdos internacionales de no proliferación y negando haber realizado pruebas nucleares recientes. La acusación se produce en un contexto de creciente rivalidad estratégica entre Washington y Pekín, que incluye disputas comerciales, tecnológicas y militares. Cualquier señal relacionada con armas nucleares añade una dimensión aún más delicada a la competencia entre ambas potencias.
Expertos en control de armamentos advierten que este tipo de señalamientos puede afectar la confianza mutua y complicar futuras negociaciones sobre estabilidad estratégica. El régimen internacional de no proliferación depende en gran medida de la transparencia y los mecanismos de verificación. Hasta el momento, no se ha presentado evidencia pública independiente que confirme de manera concluyente la naturaleza del evento sísmico.
Sin embargo, la divulgación del caso reabre el debate sobre el monitoreo global de pruebas nucleares. En un escenario internacional marcado por la desconfianza entre grandes potencias, cualquier acusación vinculada a armamento nuclear tiene el potencial de alterar el equilibrio estratégico. La evolución de este caso podría influir en las dinámicas de seguridad global en los próximos meses.