
Estados Unidos es la nación con más medallas olímpicas en la historia, pero a diferencia de otros países, sus atletas no reciben premios económicos del Estado por sus logros. La financiación de sus carreras depende en gran medida de patrocinios privados y de los ingresos generados por derechos de transmisión y acuerdos comerciales. Con el objetivo de ofrecer mayor estabilidad a los deportistas, el financista Ross Stevens anunció un programa sin precedentes que beneficiará a los atletas olímpicos y paralímpicos estadounidenses.
A partir de los Juegos de Milán-Cortina, cada atleta recibirá un respaldo económico independientemente de su rendimiento deportivo. El plan contempla un aporte total de 200.000 dólares por atleta. La mitad de esa suma será entregada 20 años después de su primera clasificación olímpica o al cumplir 45 años, lo que ocurra más tarde, funcionando como un respaldo a largo plazo tras el retiro deportivo. Los otros 100.000 dólares se destinarán a un seguro de vida con beneficios garantizados para las familias de los atletas, reforzando la idea de protección más allá de la competencia.
Stevens señaló que la inseguridad financiera no debería ser un obstáculo para que los mejores deportistas del país alcancen la excelencia. La donación total asciende a 100 millones de dólares, convirtiéndose en el mayor aporte individual en la historia del Comité Olímpico y Paralímpico de Estados Unidos. Aunque la organización opera bajo un estatuto del Congreso, no recibe fondos federales y debe autofinanciarse.
El comité sostiene su estructura principalmente a través de derechos televisivos y patrocinios corporativos, pero en los últimos años ha impulsado activamente la filantropía como una vía para fortalecer su apoyo a los atletas, especialmente fuera del período competitivo. Además del respaldo económico, el programa podría incentivar carreras deportivas más largas.
Una gran parte de las medallas estadounidenses proviene de atletas que repiten participación olímpica, y este esquema ofrece un estímulo adicional para mantenerse en el alto rendimiento. En contraste, muchas potencias olímpicas han contado durante décadas con sistemas estatales de apoyo directo a sus atletas. La iniciativa de Stevens busca reducir esa brecha en Estados Unidos, apostando por un modelo que premie la dedicación deportiva sin condicionamientos políticos.